Recuerde, la información presentada a través de mi página web, podcast, redes sociales y otros medios es sólo información educativa y no un consejo médico. (Y yo no soy médica ni una experta en endometriosis ni una dietista ni una nutricionista). Siempre consulte con su médico cualificado antes de realizar cualquier cambio en su plan de tratamiento. Siempre consulte con su dietista cualificado antes de realizar cambios en su dieta. Lea mi descargo de responsabilidad aquí.

La Cultura de Dieta y la Cultura de Bienestar

He visto que se usa “la cultura de dieta” en español para hablar de la obsesión que tiene la sociedad con ser delgado y la falsa creencia de que ser delgado es superior en un nivel moral. En inglés también tenemos el término “wellness culture” pero que no encuentro una traducción para esto, así que voy a decir aquí “la cultura de bienestar”. La cultura de bienestar también es tóxica como la cultura de dieta, y está obsesionada con la salud y el bienestar, lo cual parece bueno pero en realidad promueve hábitos imposibles y productos innecesarios para lograr más “bienestar” o para ser mas “saludable”, incluso a veces declarando que a través de estos hábitos/suplementos/tés/aparatos etc se puede curar enfermedades incurables. En este artículo, voy a hablar más de lo que es para que podamos reconocerlo y dejar de lastimarnos por sus creencias falsas.

Como muchas personas en el mundo, busco como tener una salud óptima, tanto mental como físicamente. Y con la endometriosis, he visto que mi estilo de vida, mis hábitos y mis conductas de salud juegan un papel muy importante en cómo me siento. Durante mucho tiempo, sin saberlo, estaba negativamente impactada por la cultura del bienestar, porque como quería desesperadamente sentirme mejor, caí en la trampa de la cultura del bienestar. Me convenció de utilizar todo tipo de productos innecesarios y de tener hábitos que en realidad me estaban haciendo daño, en nombre de la “salud” y de intentar sentirme mejor. 

Desafortunadamente, la cultura de bienestar nos ha lavado el cerebro para que pensemos que necesitamos hacer o no hacer ciertas cosas para tener salud o ser saludable. “La industria del bienestar” es una industria de mil millones de dólares, a menudo dominada por personas influyentes y celebridades no calificadas para dar ningún tipo de consejo de salud. Hay tantas afirmaciones ridículas de que XYZ nos hará “saludables” – ¡cuando en realidad no hará más que llenar los bolsillos de la persona que lo vende!

La cultura del bienestar es depredadora y está impregnada de privilegios, obsesión, capacitismo y la apropiación cultural de prácticas indígenas. Abundan los “trucos” y las “soluciones rápidas” de salud, que van desde la charlatanería absoluta hasta la venta de consultas por 400 dólares por 50 minutos de consejos de salud generales que se pueden encontrar gratis en línea.

La cultura del bienestar complica la idea de la salud.

Muchos de nosotros conocemos comportamientos comunes que promueven la salud, como:

  • Llevar una dieta equilibrada y rica en nutrientes.
  • Dormir lo suficiente
  • Obtener suficiente movimiento diario
  • Tener apoyo social
  • Encontrar fuentes de alegría y sentido en nuestras vidas.
  • Descubrir cómo reducir y gestionar el estrés

Si bien no todas estas son fáciles de hacer o accesibles para todos, son ideas simples y de sentido común que la mayoría de las personas están de acuerdo que promueven la salud física y mental en general. Desafortunadamente, en lugar de concentrarse en adoptar hábitos sostenibles como base para la salud, la cultura del bienestar dice (erróneamente) que para estar “saludables” debemos tener hábitos mucho más costosos y complicados.

Nota: Por supuesto, todos los hábitos que promueven la salud en el mundo no curarán una enfermedad incurable ni evitarán todas las enfermedades. Sin embargo, a la cultura del bienestar le gustaría que pensáramos eso porque entonces consumiremos/gastaremos más (es decir, ¡se harán más ricos!) en un esfuerzo por curar/prevenir enfermedades.

La cultura del bienestar nos engaña haciéndonos pensar que la salud es cara.

Dice (erróneamente) que nosotros necesitamos jugo de apio, alimentos orgánicos, superalimentos, licuadoras costosas, tés costosos, “desintoxicaciones y limpiadores de cuerpo”, polvos verdes, retiros de yoga, entrenadores, tiendas de comestibles caras y más.

La cultura del bienestar nos engaña haciéndonos pensar que la salud no es individualizado y todos necesitan lo mismo

Esta idea es privilegiada, racista y colonialista. La cultura de la dieta y el bienestar se basa típicamente en la cultura blanca, y a menudo rechaza los alimentos y supermercados culturales de las personas negras, latinas, y indigenas por considerarlos (erróneamente) poco saludables. Establece reglas rígidas (inventadas) sobre lo que debemos y no debemos comer y hacer. Hay listas de alimentos “buenos” y “malos” que tienen un componente moral: Ud es bueno o malo si come esos alimentos. Por ejemplo, si uno come “limpio” (este término en realidad no significa nada aunque se usa mucho), entonces será visto como superior a las personas que principalmente comen alimentos ultraprocesados.

La cultura del bienestar a menudo nos impone hábitos dietéticos y de estilo de vida que no podemos mantener, que no nos gustan o que son incompatibles con nuestras necesidades. Por ejemplo, nos forzamos a hacer yoga a las 6 de la mañana aunque madrugar nos produzca náuseas. ¡O evitamos el gluten aunque el gluten no nos haga sentir mal en absoluto! O tomamos batidos de “superalimentos” tienen un sabor horrible. Y por que? Porque la cultura del bienestar nos ha convencido que esta es la forma “correcta” de estar saludable. Así que pensamos que tenemos que hacer estas cosas.

Cuando en realidad, los hábitos que promueven la salud pueden presentarse de muchas maneras diferentes: no existe una única manera “correcta” a seguir. Al contrario de lo que vemos en las redes sociales, es individual para cada uno. Es importante descubrir qué funciona específicamente para cada uno, que a menudo implica prueba y error. Algunas personas se sienten mejor haciendo ejercicios cardiovasculares, mientras que otras se sienten mejor haciendo movimientos lentos como el Qigong. Algunas personas se sienten mejor con 7 horas de sueño, mientras que otras necesitan 9. Algunas personas encuentran que el gluten les hace sentir mal, mientras que otras pueden comer grandes cantidades sin problemas.

La cultura del bienestar nos engaña haciéndonos pensar que no podemos confiar en nuestro cuerpo.

Nos dice (erróneamente) que necesitamos desintoxicar nuestro cuerpo, controlar nuestro nivel de azúcar en la sangre (aunque no somos diabéticos), comer para regular el pH de nuestro cuerpo y más. Cuando en realidad, a menos que tengamos un problema de salud, nuestro cuerpo sabe cómo digerir nuestros alimentos, limpiar nuestra sangre y hacer todo lo que necesita para mantenernos vivos y funcionando.

La cultura del bienestar nos engaña haciéndonos pensar que ciertas personas son expertas cuando no lo son.

Puede resultar útil obtener consejo individualizado de un especialista realmente experto, como ver a un dietista registrado calificado para ayudarle a implementar una dieta nutritiva individualizada. Pero esto es drásticamente diferente que los “expertos” autoproclamados y no calificados que brindan consejos y “soluciones” no basadas en evidencia a problemas inventados por la cultura del bienestar.

Por ejemplo, puede ser útil que una persona trabaje con su médico para realizar un análisis de sangre para determinar los micronutrientes en los que tiene un nivel bajo (por ejemplo, hierro o vitamina D) y luego complementarlos. Pero esto es drásticamente diferente a que le vendan una formulación de suplemento no regulada de la marca personal de un médico de medicina funcional para tratar un diagnóstico vago como “intestino permeable” o “fatiga suprarrenal”.

La cultura del bienestar ignora las complejidades de cuidar de uno mismo.

Prioriza la “salud” física a expensas de nuestra salud mental y roba la alegría de nuestras elecciones alimentarias y prácticas de estilo de vida.

Su enfoque de bienestar está basado en el capacitismo, y es inflexible, diseñado para un tipo específico de cuerpo y estilo de vida. No tiene en cuenta lo complicado que puede ser hacer ejercicio para uno si tiene problemas de movilidad. No se da cuenta de lo complicado que puede ser comer cuando se padece una enfermedad crónica y/o problemas digestivos. No permite flexibilidad en los días en los que no se siente bien: nuestra dieta y hábitos durante nuestro período o nuestros brotes de endometriosis probablemente serán diferentes a cuando nos sentimos mejor.

La cultura del bienestar hace que nos culpemos por nuestra salud.

Aquí hablo de autoculpabilidad, nutricionismo y determinantes sociales de la salud.

Para más información (en inglés)